28 May, 2006

DE SOLEDAD NO SE MUERE

Llegué a creer que sí se moría de soledad, pero con el pasar del tiempo he comprobado que, desgraciadamente, no es cierto ya que de serlo sería un alivio.
No se muere de soledad porque ella, en sí, constituye una tortura y la norma de todo buen torturador es infligir sufrimiento. Siendo así, ¿para qué hacer morir a una solitaria con prontitud?
Les comunico esto para tranquilidad de algunas y mortificación de otras.

El albergue
alberguedesolitarias@gmail.com

HOSPÉDATE EN EL ALBERGUE DE LAS MUJERES SOLAS

Desde hace muchos meses deseaba abrir este blog, pero pensé mucho antes de hacerlo. Miles de razones me motivan hoy a inaugurarlo, entre ellas mi propia soledad -mi desamor, tal vez- y algo más que, por ahora, no os voy a contar. Opté por un título inspirado en la escritora chilena Marcela Serrano (Santiago de Chile, 1951), autora -entre otros libros- de El albergue de las mujeres tristes, una novela controversial porque la soledad femenina lo es, aunque parezca mentira. Algunos la consideran aburrida y hasta vergonzosa, pero está ahí y no la podemos ocultar cuando millones de mujeres en todo el mundo están solas.
La soledad no discrimina entre exitosas o no. Es muy propia de la modernidad y muchas mujeres la tratan de aliviar a través de los chat o de amores fugaces que, finalmente, no resuelven nada sino que causan más y más desilusión. Yo huyo de esas cosas y prefiero esperar por algo estable (dudo que llegue) siempre y cuando no se llame "matrimonio".
Nada más cierto que el desamor desgarra y que el éxito no lo hace más llevadero.
A finales de diciembre de 1982 viajé en tren de Barcelona a París para recibir el nuevo año. Mientras leía el periódico durante el viaje me encontré con un largo artículo titulado: “Morir de soledad”. Ese artículo cambió mi vida, tanto que aún lo conservo. Para entonces tenía esposo, dos hijos y una familia grande con padres, hermanos y más. Hoy estoy divorciada, mis hijos crecieron y mi familia ya no existe porque una tragedia acabó con casi todos. Cuando esa tragedia ocurrió ya mi padre había muerto. Ahora quedan los amigos y el teclado desde donde les escribo. Los amantes ¿o parejas? (da igual) se fueron porque mi inteligencia les desagradó y y hubo uno que, siendo brillante, guapo y muy exitoso, sintió un inexplicable complejo de inferioridad ante mí. Ese huyo y nunca más volví a saber de él. ¿Machismo? ¡Claro que sí!
Sentencio con propiedad que los hombres las prefieren tontas y brutas y, de eso, paso.
La idea de crear este albergue es darles cobijo a tantas mujeres que están solas. Quizás intercambiar experiencias sea un alivio… quizás. No prometo nada. Sólo deseo que aquí se sientan cómodas.

El albergue
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